Camino al Será Ley

Eleva

Viajo en el tiempo y voy dos años atrás, al 8 de agosto. Votaron los senadores: 38 votos en contra y 31 a favor, con 2 abstenciones y un ausente. No se aprobó la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Revivo la angustia, las lágrimas, la desilusión. También revivo la sensación de que me tomaban del brazo, me ayudaban a ponerme de pie y renacía la fortaleza para seguir adelante, para empezar de cero.

Sigo viajando en el tiempo y revivo charlas con mis alumnos “¿profe, vos sos pañuelo verde?” y las agresiones en las redes “asesina de bebés”. Prefiero irme  hasta un momento hermoso, conseguir que por primera vez se hicieran talleres de ESI en una de las escuelas en las que trabajo. Y sonrío con uno de los requisitos que pidió el Rector para autorizar dichas jornadas, que Pato Blanco estuviera en la apertura de las misma. Y como siempre, ella estuvo.

Este viaje me lleva a una tarde de lluvia, a un aula, a una alumna de primer año que mira en mi mochila y dice “tenés el libro que le pedí a mi mamá que compre ¡!!!!!!!”. El libro era “la revolución de las hijas”. Y el recuerdo de un libro me lleva a otro “Somos Belén”  y frente a la impotencia que genera  resuenan estas palabras de Margaret Atwood “ … pero esto sucedió después de años de sufrimiento por parte de Belén, y únicamente fue el resultado de una masiva protesta ….. determinados a revertir este ejemplo de una Justicia injusta (De esta suerte, por lo menos, Argentina no es Gilead. Gilead jamás toleraría una protesta así)…. ¿Cuántas otras Belén hay en el mundo? …… cuando se trata de mujeres, las injusticias están ocultas, enterradas entre silencios y eufemismos.”.

 De pronto, el viaje termina. Vuelvo al aquí y ahora. La pandemia nos encerró, nos aisló. Pienso en todo lo que sucede “puertas adentro” en las casas. Pienso en esas mujeres que pese a las campañas y redes que existían y las creadas por el Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad, están conviviendo con sus agresores y toda posibilidad de ayuda se complica.  Miro en la televisión el discurso antifeminista, a los antiderechos controlando, como siempre, el cuerpo de la mujer gestante y nuevamente, me invade la tristeza.

De pronto recuerdo que no estoy sola, que somos una marea verde imparable. Que somos las luchadoras incansables que antes no podíamos votar, no podíamos divorciarnos, no podíamos decir que no, no podíamos tener sexo sin tener hijos, no podíamos decidir sobre nuestros hijos,….. No podíamos hacer otra cosa que “cumplir”. Orgullosa levanto mi cabeza y con el pañuelo verde en mi muñeca, me repito “será ley”. No sé si será este año, o el próximo…. no sé cuando, de lo único que estoy segura es que “será ley”.