Crónica de transformación

Fernanda Cortes

Pasó, no me acuerdo bien hace cuánto tiempo. Ya habíamos participado en unas cuantas reuniones de ELEVA, en un clima cálido de charlas e intercambios, pero nada todavía me terminaba de conmover. Nos juntábamos con desconocidas, que como nosotras buscaban instalar o mejorar en algunos casos el tema de género hacía el interior de nuestros sindicatos y eso ya nos hacía sentir compañeras.  Vuelvo a ese día. Nos convocan porque estaba la posibilidad de reunirnos con Lucia Topolanski.  Uruguaya, militante, senadora, vicepresidenta,  la esposa del Pepe, Mujer. Y a mí me llamo la atención más que todos sus cargos, este último, Mujer. Mujer mayor. Mujer muy mayor y muy activa. La tenía cerquita. Que claridad para analizar el momento, le miraba las manos  viejitas y la escuchaba. Que calidez para hablar de los más vulnerables, le miraba sus arrugas y la escuchaba.  Que firmeza, y que coherencia  para saber de qué lado hay que estar como sindicatos en esos momentos confusos, y que sencillez, le miraba las cómodas  zapatillas, y la escuchaba. La tenía muy cerquita, la miraba y la escuchaba, tal vez no debía haberme distraído tanto, pero no podía.  Esa mujer, mujer mayor, mujer mayor activa,  me conmovía demasiado, hasta llegue a sentir que me abrazaba toda esa humanidad y me transformaba.