El trabajo de las mujeres en cuarentena

Elsa Bulman - Imagen: United Nations

Era un martes nublado, seis de la tarde y acababa de terminar la segunda reunión del día por zoom cuando sonó el celular. Un hilo de voz, apenas audible me sacudió de mi modorra. Era Camila, irreconocible, apenas le podía entender, pero tres palabras captaron mi atención: Pamela, coronavirus, muerta.

A continuación escuché una catarata de lágrimas, pero yo no podía hablar, mi cuerpo se tensó y sólo atiné a colgar.

Pamela es la directora de la escuela donde yo trabajo y había hablado con ella hacía algún tiempo atrás, dónde me contaba lo indignada que estaba ya que el gobierno no había depositado la plata, por lo que estaba cubriendo con su sueldo el tóner y las resmas para que sus alumnos pudieran tener los cuadernillos. Además se quejaba de los bolsones de alimentos ya que eran muy malos.

Ella fue pionera en gestionar: obtuvo una guardería para las y los papás adolescentes para pudieran terminar sus estudios, trabajaba con la comunidad en cooperativas para la inserción laboral, entre muchos otros logros.

Docente de alma, incansable, cuestionadora, defensora de los derechos de los más vulnerados, argumentaba con conocimiento de causa y plantaba cara a quien correspondiera. Su casa era la de todos. Sumamente exigente y responsable con su trabajo, no le daba mucha atención a un resfriado de varios días, estaba abocada a terminar las obras de infraestructura del edificio escolar ya que este es su último año antes de jubilarse.

Este año somos seis docentes las que nos jubilábamos, incluida ella, promoción del 63. Para festejarlo nos íbamos a ir de viaje.  

Corría febrero en la sala de profesores entre tés, cafés y ronda de mate soñábamos con los distintos destinos. Dimos muchas veces vuelta alrededor del mundo pero finalmente el destino fue Grecia.

Pamela entregaba sus papeles en diciembre y por ser la última la esperábamos hasta mayo, entre cargadas la amenazábamos de irnos sin ella, si ANSES no la jubilaba para esa época. Qué lejano parecía todo esto.

Ahora forma parte del número de muertos del día, un porcentaje frío, carente de sentimientos, de sueños y esperanzas.

El Estado ¿es consciente del sacrificio que están realizando nuestros trabajadores? ¿Les proporciona la suficiente protección?, ¿Acaso reciben una compensación mayor?

Caminé lentamente al balcón y mientras miraba caer la lluvia sentí una voz en mi cabeza que decía: vieron, yo les gané a todas, me fui de viaje y no las esperé.

HOMENAJE A TODOS LOS TRABAJADORES QUE DAN SU VIDA.

#QUEDATE EN CASA.