JUSTICIA PARA LA IGUALDAD, IGUALDAD PARA QUE HAYA JUSTICIA

Eleva

Las trabajadoras volvemos a conmemorar un suceso que marcó la vida y la lucha de las mujeres trabajadoras.  Otra vez nos manifestamos las mujeres del mundo, sabiendo que la lucha es larga, que los obstáculos a los que nos somete el patriarcado  cada vez se vuelven más violentos.  Las desigualdades empobrecen cualquier sociedad.

Nuestras voces seguirán al unísono pregonando y accionando a favor de la erradicación de toda violencia, sumando derechos para que las diferencias físicas no se conviertan en desigualdades humanas. 

 Una vez más el 8 de marzo se reafirma como una jornada de lucha. Una lucha que visibiliza, problematiza, incomoda y también celebra. Nos ha costado mucho identificarnos, animarnos, sentirnos entrelazadas y juntarnos para alzar nuestras voces. En el camino hubieron grandes compañeras que nos guiaron y que aún hoy son nuestro faro.

Desde el 8M pasado hasta hoy, ha habido un cambio fundamental, hemos logrado uno de los hitos más importantes de nuestra lucha: en Argentina hoy el ABORTO ES LEGAL Y GRATUITO. La ley 27 610 vino a reparar un reclamo histórico del movimiento feminista pero ahí no se agota nuestra lucha.

Cada vez se hacen más evidentes las violencias a las que estamos expuestas en diferentes ámbitos (laboral, doméstico, político…) llegando al límite más cruento y sin retorno: el femicidio. Estamos hartas de que en los medios se hable de una compañera más que pierde la vida como quien anuncia el pronóstico del tiempo o relata un accidente de tránsito. Detrás de cada vida que se pierde hay una historia de violencia que no pudo ser frenada a tiempo. 

Los mecanismos institucionales de los que disponemos hasta el momento no sólo no son  efectivos, sino que en numerosas ocasiones también ejercen violencia. Un sistema jurídico que no garantiza la integridad física y psíquica de las personas y hasta llega a no poder garantizar la propia vida, es un sistema que no sirve. Desde ElEva creemos fervientemente que es imperiosa una reforma judicial a la luz de los nuevos debates que exigen un abordaje de género en todos los poderes, en particular en el poder judicial. Es inevitable. La perspectiva de géneros nos atraviesa en todas las direcciones, no se puede ignorar más, aunque el más arcaico y menos democrático de los poderes del Estado se siga negando a esto (vale la pena recordar aquí que el judicial es el único poder del Estado que hasta el momento no ha permitido que se los forme en la Ley Micaela).

El origen de las violencias está en las desigualdades. El mundo laboral está atravesado por las desigualdades, y esto se profundiza en los ámbitos en los que se trabaja pero ese trabajo está invisibilizado. Un claro ejemplo de esto son las tareas de cuidado, llevadas a cabo en su gran mayoría por mujeres y disidencias hacia el interior de sus hogares, o de los hogares de otras mujeres. Incluso allí, cuando se trata del trabajo doméstico fuera del propio hogar, las responsables de la coordinación y la logística, suelen ser también mujeres. 

Con mucho esfuerzo en el último tiempo hemos logrado poner en agenda la urgencia de reconocer, visibilizar y sobre todo, darle valor económico al aporte sustancial que representan las tareas de cuidado para todo el engranaje productivo. Tal es así que según el último informe presentado por el gobierno Nacional las tareas de cuidado representarían un 15,9% del PBI, ubicandose por encima de la industria y el comercio. 

Traducido en un valor monetario, el aporte que realizarían a la economía las mujeres y disidencias es de $3.027.433 millones. Mientras que los varones, siempre hablando de Tareas domésticas y de cuidado no remuneradas (TDCNR), sería de $973.613 millones. 

Las mujeres aportamos 3 veces más al PBI en un área muy relevante como la de cuidados que es a su vez la más invisibilizada de toda la economía.

Eso que llaman tareas reproductivas son siglos de deuda con nosotras, las trabajadoras. 

Hoy, en el día del paro internacional de las mujeres trabajadoras, no olvidamos que hay una dimensión de nosotras que no puede parar, y que si lo hace, las consecuencias son acumulación del trabajo para el día siguiente, porque alguien siempre sigue ocupándose de todo ese engranaje que permite que el mundo, básicamente, siga girando. Y ese alguien, hasta aquí somos mayoritariamente nosotras. 

Este 8M alzamos la voz porque es urgente una redistribución del trabajo doméstico y de cuidado para construir hogares y vínculos en pie de igualdad; y una Reforma Judicial con perspectiva de género para que ese poder macabro deje de ser verdugo y se ocupe, de una vez y para siempre, de impartir justicia social.